OTRA VUELTA AL SOL

Hoy, a las 5:05 de la tarde, mi madre me trajo a esta tierra que ha dado, en mi presencia, setentaiuna vueltas al astro Sol.  Mi mejor regalo es contar con el amor de mi familia, el cariño de mi gente, el aprecio y respeto de mis compañeros de la industria del espectáculo y de los que amamos la literatura y escribir. Mi regalo para ustedes es contarles algo muy íntimo que estoy convencido que le puede ayudar a muchos a conectar con situaciones parecidas que le hayan sucedido.


Una buena noche, tal vez cuando más tranquilo estaba, se me activó una alarma que me hizo despertar con el pulso acelerado y el pensamiento en un estado alterado. Ocurrió en medio del Mar Báltico, mientras disfrutaba de unas vacaciones con mi esposa Yéssica y dos parejas de amigos. Nunca me había pasado. Era como si me hubiesen puestos unos espejuelos, de virtual reality, a través de los cuales veía las cosas de forma diferente, un tanto distorsionadas. Sentía que no podía respirar. Por todo el cuerpo experimentaba como si un fluido extraño, ardiente, recorría mis venas y me debilitaba. Las palpitaciones del corazón se me aceleraron, los pensamientos se precipitaron en un caos total, sin control. Quería escapar del espacio en el que estaba, y un miedo terrible a algo desconocido que no podía definir parecía haberse apoderado de mí.


Traté de manejarlo solo, pero no podía y tuve que despertar a Yéssica quien, luego de hacerme unas preguntas de rigor -¿Te duele el pecho? ¿Tienes adormecido un brazo? ¿Cómo te llamas? ¿Dónde estamos?- llegó a la conclusión, porque varios años atrás lo había experimentado en carne propia, de que yo tenía un ataque de ansiedad o pánico. ¿Quéeeee?, exclamé con ignorante arrogancia. ¿Yo? ¿El tipo más tranquilo, el motivador, el que tiene casi siempre todo bajo control? “Sí mijito”, me dijo ella. Quedé en shock y de inmediato en negación. Gracias a su apoyo, y unas técnicas de respiración por las cuales me condujo, dos horas después retomé el sueño. El apoyo de aquellos más cercanos a nosotros, validando la realidad de que lo que se siente es real, pero que será pasajero, y que eventualmente podrá ser manejado sin el cantazo de adrenalina del momento, es sumamente importante.


Al otro día descubrí que la alarma no había sido desactivada del todo, sentía que estaba ahí, esperando la primera oportunidad para activarse de nuevo. Y aún ahí sigue. En la cena, lo compartí con mis amigos, ambos médicos, y me dieron un medicamento que atenuó aquello que me negaba a aceptar que ya se había estacionado en mi consciencia. Ya más calmado, inicié el proceso de entender que un cúmulo de acontecimientos recientes y pasados, había tenido un efecto emocional sobre mi cuerpo físico.


“En la vida lo importante no es lo que te pasa, es cómo reaccionas a lo que te pasa”, he dicho a la saciedad en mis charlas de motivación y, como el ejemplo empieza por casa, de inmediato me lancé, como el que no lo piensa mucho antes de meterse debajo de una ducha fría, en la búsqueda de cómo enfrentar aquella totalmente ajena situación que experimentaba. Mi dinosaurio, que creía domesticado, se me mostraba ahora como un Tiranosaurio Rex.


Estoy en el primer semestre de un nuevo curso en la universidad de la vida. Un curso que asumo con total humildad. Sé que muchos ya tienen bachillerato, maestría y hasta doctorados en esto que para mí es novel y que para tantos es el día a día con el que tienen que bregar. He descubierto en este periodo de tiempo que en Puerto Rico la ansiedad y el pánico tiene niveles de epidemia.


El proceso no ha sido fácil, pero desde el primer momento decidí abrazarlo como una oportunidad de aprender algo que tal vez de otra forma no hubiese aprendido. Eso mismo decidí hace 14 años cuando me dieron un diagnóstico de cáncer; y también cuando hace 7 tomé la decisión de acogerme a la quiebra. Hum… ciclos de 7 años… interesante. Lo importante es que, ambas circunstancias previas, al abrazarlas, esto es, aceptarlas, darles la bienvenida sin resistirlas, se convirtieron en cursos de vida, que me hicieron una mejor persona. En esas estoy ahora.


Quisiera compartirles algunas de las lecciones que he ido aprendiendo:

  • Todo lo que me sucede, aunque venga en una envoltura desagradable, lo puedo transformar en un regalo.
  • Nuestro cuerpo nos habla siempre y nos manda señales constantes. Si las atendemos a tiempo, a tiempo se resuelve aquello que origina esa señal. Si no lo atendemos de inmediato, las consecuencias pueden ser terribles.
  • Aunque nos podamos sentir orgullosos de todo lo que hacemos, el hacer y hacer y hacer, nos puede distanciar del Ser. Y primero Somos, luego Hacemos, y luego Tenemos. Invertir ese orden, TENER y por tener HACER porque si tenemos y hacemos entonces SOMOS, como nos tiene acostumbrados esta sociedad, desordena nuestro sistema. Y no se trata de hacer menos, sino de hacerlo con la mayor consciencia posible de que sale del Ser, y no de la compulsión por Hacer.
  • A todo no puedo decirle Sí. Es válido decir que No. No somos Superman ni Superwoman. 
  • La vida, no es lo que me pasó, o lo que me va a pasar. Es lo que me sucede en el momento presente. Es fácil decirlo, pero estar PRESENTE, es el mayor reto para los que tenemos una constante, a veces compulsiva, actividad mental. Por ejemplo, no es lo mismo cuidar a mis padres, que estar con mis padres. Puedo cuidarlos mientras miro los mensajes del teléfono o las noticias. Estar con ellos es hablarles, preguntarles, entretenerles. El “be present” es ahora mi más importante meta del día.
  • Es válido y necesario tener momentos de “no hacer nada”, lo cual antes odiaba y me causaba sentimientos de culpa. En este pasado mes he hecho cosas que antes me parecían sin importancia y que ahora he aprendido a apreciar y darle el inmenso valor que tienen. 
  • No somos la mente y los pensamientos que en ella transcurren a alta velocidad como autos en un expreso. Hay un espacio superior que nos permite ver esos pensamientos, como observadores desde una ventana que da a ese expreso. En ese espacio, que se logra con la práctica continua de la meditación, o la oración, o como usted quiera llamarle, encontramos la potencialidad pura, vía a través de la cual se logra la mayor creatividad, la paz y la desarticulación de esa alarma que por algo se activó.


Quizás ahora entiendan por qué reclamé un espacio de no participación en las redes sociales por un tiempo, entre otras medidas, para aprovechar ese curso en el que la vida me ha matriculado. Las redes nos pueden enredar en batallas del Ego, en discusiones estériles, en homenajes a nuestro narcisismo, en banalidades y comentarios tóxicos. Y bastante toxicidad ya hay en el ambiente. Pero también para apoyar causas urgentes y necesarias, y para compartir contenido que mejore la vida de los demás.


Cuando a uno le sucede un evento como el que experimenté, hay que ser responsable con uno mismo y con sus seres cercanos, y hasta con el país, y tomarse el tiempo y el espacio para la reflexión y la acción proactiva. Es el momento de dejar a un lado la arrogancia y la prepotencia y buscar ayuda. Hay amistades, y profesionales de la salud mental, que están ahí para ayudarnos a entender nuestras emociones desde una perspectiva más saludable. Hay que quitarle el estigma a buscar ayuda profesional cuando nuestras emociones no están bajo control.


El proceso creativo que he experimentado en estos días ha sido diferente, más pausado, más profundo. Por ejemplo, de ahí ha surgido un nuevo proyecto, Trayectoria entre amigos, que me ha levantado el espíritu. Voy a celebrar, desde la plena consciencia del Ser, ese continuo Hacer por los pasados 50 años de carrera artística en la cual ustedes siempre han estado ahí. Será el 20 de septiembre en el Centro de Bellas Artes de Santurce, precisamente en el segundo aniversario del huracán María, tal vez como metáfora del huracán interno que a todos nos azota y nos da la oportunidad de reverdecer de nuevo. Allí, junto a mis amigos de quehaceres musicales durante todos estos años, comenzando por Roxana, con quien comencé estas aventuras artísticas en 1970, y siguiendo con mis compañeros de Haciendo Punto, Los Gamma, y muchos otros, compartiré principalmente mis composiciones, parodias, y mucho de lo que he aprendido en este proceso que les he contado. 


Gracias por ser mis seguidores. Me siento aliviado de poder contarles esto. Ojalá y me puedan acompañar en esa celebración del 20 de septiembre, (ya está Trayectoria entre Amigos en ticket center) pero si no pueden, para mí lo más importante es que esta conversación les sirva de reflexión para enfrentar las sorpresas que a diario nos da la vida para hacernos mejores seres humanos. 


Les deseo mucho amor y mucha paz, que bastante que lo necesita nuestro país en este momento en que se está pariendo a sí mismo.

Les quiero siempre,

Silverio


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