Josy Latorre: Renacida

De Gardel a Mercedes Sosa

Conozco a Josy Latorre hace 47 años. (Ella va a alegar que la conozco desde que nació.) Hemos compartido escenarios desde que fundamos Haciendo Punto en 1975 y en innumerables otras ocasiones. Nunca, repito, nunca, la había visto tan, suelta, relajada, gozosa, dueña y señora del escenario, como la vi el domingo por la tarde en el Café Teatro Punto Fijo con su espectáculo De Gardel...a Mercedes Sosa. Me mantuvo por dos horas en ese borde emocional del gozo, la emoción y la admiración en un recorrido musical ilustrativo del repertorio de esas dos legendarias figuras de Argentina y el mundo. Se hizo acompañar de Sergio Eduardo, uruguayo cantante y guitarrista, y de Pablo di Lauro, un virtuoso bandoneonista argentino. La combinación de músicos y repertorio parecía haber estado esperando toda la vida por Josy.

Siempre he creído, como muchos, que Josy es una de nuestras verdaderas voces nacionales. Verde Luz, en otra voz que no sea la de ella, como que no llega a su máximo de belleza. Pero lo que en el escenario vi, además de la voz, que estaba en su punto, era una mujer renacida, pulida en el dolor, sabia, producto del duro aprendizaje de experiencias recientes, donde las pérdidas las transformó en ganancias.

Además de regalarnos un repertorio exquisito, Josy nos mostró un espontáneo sentido del humor y unas pinceladas de sabiduría invaluables. La experiencia, además, me reafirmó el carácter latinoamericano de los puertorriqueños. Nos emocionamos con ese repertorio porque toca la fibra de eso que somos nos hizo mirarnos en el espejo de la fuente, para descubrirnos latinoamericanos. Comentaba con la boricua-uruguaya Marcia Rivera, que a mi lado estaba, disfrutándose por segunda vez el concierto, que las emociones que sentíamos eran producto de ese divino sedimento que deja la herencia cultural. El más recalcitrante estadista se hubiese sentido igual, y de la misma forma no hubiese reaccionado a una Josy cantado Bluegrass o canciones de los Hillbillies norteamericanos.

La innovadora idea de hacer el concierto, por amor al arte, tal y como hace todos los miércoles en sus bohemias en Punto Fijo, donde no se cobra la entrada, y se deja a discreción del público el aportar el dinero que quiera y pueda, es una contundente respuesta a los que buscan cómo sobrevivir en este Puerto Rico que recoge los vidrios de la vitrina rota. Josy se ha atrevido a confiar en que su producto es de tal valor que su audiencia la recompensará como se merece.

Josy sigue este miércoles con su bohemia, y esta vez la acompaña el hijo de Edmundo Disdier. Ya ella les contará del atrevimiento que una vez la condujo a hacerse acompañar del guitarrista de Silvia Rexach. Me apropio de dos recomendaciones de la Josy sabia del domingo: disfrutar cada instante de la vida, pues resulta ser muy efímera, y ser agradecidos. Me disfruté esas dos horas como si cada canción fuera la última que le escucharía; y le doy gracias por confiar, por transformarse y por regalarnos su voz, su arte, su espontaneidad y su renacimiento.

A Sergio y Pablo, gracias por acompañarla y por regalarnos una exquisita velada llena de virtuosismo. Declaro que nos veremos en un teatro en Montevideo llevándole a cono sur la voz de esta boricua que nada tiene que envidiarle a las grande cantantes de tango de la historia.

 

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