Detrás De La Foto: La Invisibilidad

Quise experimentar, en carne propia, aunque fuera por unos instantes, lo que siente una persona que vive en la calle al interactuar con la gente común que transita por ahí. Tenía que disfrazarme bastante para que no me reconocieran. Pedí que me dejaran en el área de Hato Rey, a eso de las seis de la tarde. Los primeros minutos fue de una total incomodidad interior. Sentía que lo que hacía se podía tomar como una burla o una falta de respeto a los seres humanos que por diversas razones viven en la calle.

Pero muy pronto comencé a descubrir algo de lo que no me había percatado. La gente evitaba cruzar miradas conmigo. Solo una minoría extendía su mano y ofrecía algo de dinero (que luego donaríamos a la Fondita del Niño Jesús) o algo de comer. Luego llegué hasta el área del Capitolio y caminé por algunas calles del viejo San Juan. Una terrible soledad se fue apoderando de mí hasta inundar cada célula de mi cuerpo. Y llegó el momento en que se me olvidó el ejercicio que estaba haciendo, como quien se lanza al vacío con un paracaídas y en un momento dado logra sentir la sensación de volar. Pero en lugar de placentero era extremadamente doloroso.

La soledad me tragaba, y era el resultado de la invisibilidad al que la gente somete al que es distinto, al que nos recuerda los privilegios que vivimos, al que saca a la superficie nuestro propio dolor. En la Plaza de Armas, una mujer muy elegante quiso sentarse a hablar conmigo, tal vez para compartir su propia soledad, pero temí que me descubriera y me fui. En la madrugada ya estaba exhausto. Solo habían pasado unas horas. ¿Cómo sería vivirlo 24/7?

Fueron muchas las enseñanzas que derivé de esa intensa experiencia, pero les comparto tres:

  1. No evadir la mirada del que se me acerca en un semáforo a pedirme dinero. Una mirada compasiva, una sonrisa, un ¿cómo estás?, puede significar tal vez más que una contribución económica para salir del paso.
  2. No juzgar, pues nos asombraríamos de las dramáticas historias que hay detrás de una persona que deambula.
  3. Comprometerme, por un lado, a apoyar organizaciones que se dedican a atender esta población marginada, como lo hace Iniciativa Comunitaria, y, por otro lado, combatir con la palabra y la acción la desigualdad, la injusticia y todo aquello que contribuye a que este problema de las personas de la calle cada día vaya en aumento.

Solo les exhorto a que dediquemos un instante a reflexionar sobre este tema y a tomar nuestras propias decisiones de cómo vamos a erradicar este problema de desigualdad social a través de la acción, el amor y la justicia.
Otras historias de mi vida las puedes encontrar en el libro Solo cuento con el cuento que te cuento que puedes adquirir en este mismo sitio web.

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Publicado el 8 de septiembre de 2019 en 90 Grados, por Renia Fermaint.

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