Crónica #4 del Pre-camino

Vivimos tan ajetreados que se nos olvida el mundo maravilloso que nos rodea.

El propósito de estos días previos a hacer el camino es reencontrarme con el asombro, conectar con la naturaleza en su infinita hermosura y despejar la mente de nuestras guerras cotidianas. En esta crónica comparto con ustedes dos lugares de esos que te quitan el aliento: Benagil y Silves.

 

 

Desde Lagoa, en dirección a España, pasamos Portimao y encontramos el pueblito de Benagil. 

 Este tramo de la costa portuguesa es de roca arenisca, parecida a la caliza que forma los mogotes nuestros, y es fácilmente moldeable por el agua y el viento, por lo que presenta caprichosas formaciones rocosas en sus acantilados.

Ya en la Playa de Benagil, me puse un poco aprehensivo. Todo lo que sea mar o agua profunda me recuerda las dos ocasiones en que de joven estuve a punto de ahogarme. 

Teníamos que tomar un bote para visitar las grutas y el mar estaba un poco picado; me sentía como pez en la tierra. Aunque en la foto y en el video me vea relax, por dentro estaba más inquieto que el Anacobero. Pero muy pronto se me fue el susto. 

Las cuevas de Benagil son una de esas construcciones que hace el Creador para que seamos humildes y reconozcamos nuestra pequeñez.

Visitamos 20 grutas donde el bote entra en espacios pequeños y oscuros. Cada gruta es distinta, algunas con un reducido tamaño, tan así que aguantas la respiración cuando el bote acelera y pasa a centímetros de las paredes rocosas.

Algunas cuevas son enormes, incluso con playas interiores. La conocida como Algar de Benagil, es una joya de la naturaleza. Es amplia pero sólo se puede acceder por mar. Dicha cueva cuenta con su propia playita de arena en el interior y para iluminarla cuenta con una apertura en el techo por donde entra la luz del sol. Una parejita de enamorados tenían para sí solos la playa cuando por ella pasamos. 

Otra de las cuevas forma un perfecto corazón en el hueco que la corona.

 La verdad es que me hubiese arrepentido de no tomarme el riesgo. Las fotos y los videos hablan por sí solos. 

Un buen plato de bacalao con papas fue el premio por vencer el miedo que me hubiera boicoteado la maravilla de las cuevas de Benagil.

Luego vino el atardecer que es siempre una buena excusa para hacer fotos, sobre todo si se anda con una extraordinaria modelo.

Al otro día fuimos a Silves, un pueblito que queda en el Algarve, en el sur de Portugal. Éste llegó a ser la capital de la región y tiene una historia llena de batallas entre reyes portugueses y ocupantes musulmanes. 

Testigo inmóvil de aquellos tiempos queda el Castillo, cuyas murallas están perfectamente conservadas. Hay otras excavaciones en proceso de descubrir otras áreas del mismo.

Al lado, está la Catedral cuya estructura tiene ahora un matriz gótico combinado con elementos de otras épocas. 

Se dice que el edificio actual fue iniciado entre mediados y finales del Siglo XIII, pero después del terremoto de Lisboa de 1755 fue reconstruida tirando más al estilo barroco. 

En todos estos días nos las ingeniamos para caminar entre 5 y 10kms para estar listos para El Camino. Ya solo faltan 5 días. 

Al día siguiente dejamos el sur y nos encaminamos hacia el norte. Llegamos a otro pueblo de ensueño: Évora. De eso será la 5ta crónica pre Camino.

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