CRÓNICA 11

Conociendo un Santiago misterioso y caminando en la niebla

Hoy les invito a que den un paseo nocturno conmigo por Santiago de Compostela y luego me acompañen en la caminata del 1er día del Grupo 4.

 

Eran las 9:00 de lo que para nosotros era la noche y para los gallegos la tarde, cuando el Grupo 3, comandado por Sol Llorens, nos reunimos frente a la Catedral de Santiago de Compostela para dar un recorrido por la ciudad. El Creador pintaba una inimitable obra pictórica con el atardecer que se observaba a través de los techos vetustos de los edificios históricos de la Plaza Obradoiro.

El grupo de peregrinos, que había completado su Camino de Santiago el día anterior, ansiaba conocer todos los recovecos de la legendaria ciudad. 

El recorrido fue extenso, excitante, sublime a veces, misterioso otras. 

Sin lugar a duda las calles de Santiago guardan tantas y tantas historias, de toda índole, que ameritan caminarse sin prisa, sobre todo, un lunes en la noche, cuando menos gente hay, y las tenemos disponibles para develarnos sus misterios.

Al otro día, mientras el Grupo 1 ya estaba  de Madrid a San Juan, el Grupo 2 llegaba a Madrid, y el Grupo 3 disfrutaba de su último día en Santiago, fuimos a recibir al Grupo 4, que constaba solo de 12 personas, a quienes echamos a caminar tempranito al otro día. 

Desde Sarria a Portomarín, un recorrido de 23.8 kilómetros, nos tomó entre paradas, fotos, conversaciones y descansos, unas 6 horas con 17 minutos.

En el inicio, por las calles empedradas de Sarria, se sentía esa deliciosa sensación de curiosidad y expectativa que produce el dar los primeros pasos de sobre 200,000 que necesitarían darse para llegar a Santiago.

Muy pronto, al subir unos cuantos metros de colinas, nos topamos con una densa neblina, lo cual hacía más agradable y alucinante el camino. 

El ambiente neblinoso le añadía belleza y misterio al paisaje. 

El rocío atrapado en una telaraña hizo detener nuestros pasos para admirar aquella sencillez y grandiosidad de los fenómenos de la naturaleza.

Luego, pasamos por un hermoso puente romano 

y más adelante encontramos en un inesperado recodo del camino, a un gaitero que le dedicó el “cumpleaños feliz” a Lourdes, una de nuestras peregrinas que cumplía años ese día.

Seis horas después Yéssica era la primera en arrepechar las escaleras del tramo final para llegar a Portomarín.

Los tramos segundo y tercero se los cuento pasado mañana.

  

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CRÓNICA 12 del Camino de Santiago

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Crónica 10

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