CON EL AGUA AL CUELLO

A veces sacamos lo mejor de nosotros cuando estamos con el agua al cuell

CON EL AGUA AL CUELLO

 

El ser humano a veces saca lo mejor de sí cuando ve a otros Con el agua al cuello. Sucedió en todos estos días… en Houston, y pueblos cercanos.

 

1.

Brian es de esos que llaman blancos pobres. De los que eligieron a Donald Trump. Vive solo con su padre de 80 años. Cuando ya era obvio que la casa que se pagaba con la pensión de veterano del viejo quedaría inundada, lo convenció de que tenían que irse. Salieron y ya le agua les llegaba a las rodillas. El viejo insistía en no dejar documentos, escrituras y otras pertenencias y se negaba a dar un paso más. Brian le pide que no se mueva de donde habían llegado, y regresa a la casa. Busca los documentos. Algunos los encuentra, otros no. Oye el ruido de un motor. Sale. Ya no ve el viejo. Pasa dos días enloquecido. A todo el que ve le describe a su padre. Un reportero se entera y menciona el caso en una de sus intervenciones en vivo. De un refugio llaman a la estación. El viejo estaba allí. Brian logra hablar por teléfono con él, ante la cámara de televisión. El ancla de noticias no puede evitar un asomo de lágrimas.

 

2.

Ken tiene 28 años y una barba rojiza. Agarró un pequeño bote que tenía en la marquesina de su casa, lo pegó al remorque y enfiló hacia Houston. Dejó la camioneta en un lugar que creyó seguro, desenganchó el bote, y se fue a ayudar a quien apareciera. Contribuyó a salvar varias familias llevándolas a un refugio cercano. En uno de estos refugios un niño lloraba sin consuelo. ¿Qué le pasa?, le preguntó al joven que parecía ser el padre. Lleva dos días así porque no tiene el osito al que se la pasa agarrado, contestó el joven. Ven, dijo Ken sin pensarlo dos veces. Fue difícil localizar la casa en aquel mar en que se había convertido el pueblo. Por fin dieron con ella. Amarraron el bote a las ramas de un árbol, que parecían brazos pidiendo ayuda, y bajaron a la casa. Las pertenencias flotaban por todos lados. En una esquina, casi hundido por el empape de agua, estaba el osito. Le echaron mano y regresaron. Por la tarde el niño salió en televisión con una sonrisa de lado a lado… ya no lloraba.

 

3.

 El reportero comentaba ante las cámaras la terrible situación por la que estaba pasando esta urbanización que quedaba atrapada en un redondel entre dos carreteras principales. Mientras hablaba, a sus espaldas, se veía una van negra tratando de lidiar con la corriente. Él no la ve. Yo le quito la atención al reportaje y atiendo el drama que se comienza a desarrollar sin que él lo sepa. El ancla de noticias también ve lo mismo y le alerta al reportero. Éste se vuelve, mira a la cámara sin decir nada, vuelve a mirar a la van, y entonces valientemente camina hacia el área por donde el chofer ya intenta abrir sin éxito la puerta. El agua convierte el vehículo en un objeto que mueve a su antojo. El reportero, con el agua al pecho, logra asirse a la puerta de la guagua y, halando desde afuera y el chofer empujando desde adentro, logran abrirla. El hombre escapa tiempo. La van se hunde ante los ojos de todos, en vivo. El hombre lo logró. Muchos no. Como una familia de seis: unos abuelos de ochenta años con cuatro nietos.

 

4.

 La mujer negra estaba sola. Sus dos hijas, gemelas, estudian en la Universidad y no pudieron regresar para estar con ella. Su compañía, dos perros, gemelos también, blancos con manchas negras, bulldogs. Vienen a rescatarla. Pide un favor: los perros primero. La tratan de complacer pero los perros comienzan a ladran y se ponen agresivos. Entonces el rescatista entiende el mensaje. Ellos no se quieren ir primeros. Así se lo explica a la señora y, efectivamente. Solo acceden a ser cargados cuando ven que la mujer que los mima y los alimenta está a salvo primero.

 

Las historias con final feliz se multiplican. Las que tienen un trágico final también. El factor esperanzador: gente ayudando a gente sin esperar nada a cambio. Solo por servir, por amor al otro ser humano, sin diferencias de color, raza, preferencia sexual, partido político. Así de verdad somos, pero a veces solo sale a flote cuando estamos con el agua al cuello.

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